MMM o las dos caras del running – [19]

Posted on 3 abril, 2012

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Una de cal y otra de arena. Nunca he sabido muy bien cual es la buena de las dos, pero se trata de la expresión perfecta para describir los sentimientos encontrados que provoca el atletismo, especialmente en sus disciplinas de fondo. Una carrera que se muestra amable puede tornarse cruel en tan solo cuestión de horas o minutos. Aun no me he enfrentado a una maratón (prueba que te puede dar y quitar todo en 42,195 kilómetros) pero el domingo pude experimentar en mis carnes cómo se las gasta su hermana pequeña.

En la Media Maratón de Madrid no encontré compañero de batalla y corrí sólo. No era mi intención hacer una buena marca, sino simplemente meterle kilómetros a las piernas. Mi plan de entrenamiento me pedía 25km ese domingo y para cumplirlos incluso tuve que trotar veinte minutos suaves antes del comienzo. En la salida me puse muy atrás con la intención de ir tranquilo, pero ya en los primeros 1.000 metros bajé de 5 minutos a pesar de ir a bandazos sorteando gente. Viendo que las piernas, los pulmones y la cabeza me pedían marcha, traté de poner el “piloto automático” en 4,45 min/km para asegurarme repetir la hora y cuarenta minutos que ya firmase hace un mes en Mérida. Pero no hubo manera alguna de ser conservador. Cada kilómetro que pasaba iba más deprisa y el cuerpo me decía que no parase. Los cálculos se me descuadraban con cada vistazo al cronómetro. Tras adelantar a (literalmente) miles de corredores subiendo la calle Bravo Murillo, llegué a la mitad del recorrido, ya pasada Plaza Castilla, en 48:30.

Las matemáticas me aseguraban que de seguir así me iría hasta 1h 37min en meta, pero ya estaba hecho lo más difícil y prácticamente todo lo que quedaba por delante era bajada. Cogí la “rueda” buena de un veterano que me llevó en voladas hasta el Parque del Retiro a base de adelantar a gente y más gente. A él también le acabé dejando atrás, cuando mi ímpetu pudo más que su constancia (el tío era un reloj). En recta de meta, y ya sabiendo que tenía garantizado un marcón por debajo de 1h 35 minutos, esprinté para ganar a un calvo al que todos animaban con fervor. Resultó ser Antonio Lobato, el periodista de Fórmula 1. Un tío que sólo con su columna bisemanal en MARCA ganará cinco veces más que yo, pero al que le mojé la oreja bajo la pancarta de meta. Pequeños placeres del running.

La carrera había ido perfecta. Mejor marca personal por 6 minutos de diferencia y ni rastro de un dolor en el gemelo que me había asustado unos días antes. Para celebrarlo me regalé un masaje en la carpa habilitada por ASICS, que un año más colaboró en la gran organización del evento (¿sabrán que si buscas en Google su campaña publicitaria “Hecho de deporte” sale antes este blog que su propia página web?). Muy satisfecho, me permití también unas cuantas cervecitas al sol con los amigos (la abstinencia pre-maratón podía esperar). Pero hasta ahí llegó la “cara” de esta moneda. Una despiadada “cruz” me esperaba al reverso, a un finísimo canto de distancia.

Habían pasado 4 horas desde que cruzase la meta y al levantarme de la silla el tobillo izquierdo me dijo que mejor volviese a quedarme sentado. Es asombroso como el cuerpo “te habla” a través de las sensaciones. Cojeando volví a casa para guardar reposo esperando que no fuese nada, pero al día siguiente la cosa seguía igual y mi cuñado Oscar, mi fisioterapeuta de cabecera, confirmó los temores de lesión: Tenosinovitis del tibial anterior. Así se llama la condenada y requiere 2-3 días de reposo total con frío y antiinflamatorios, además de una semana larga de “vacaciones” para mis zapatillas. Nada de ejercicios de impacto, sólo natación y bici para no perder la forma, algo que por otro lado ahora no me preocupe mucho. El entrenamiento ya está hecho y a falta de tres semanas para el gran día lo que importan son los casi 900 kilómetros que llevo a cuestas y no los 150 que pueda dejar de hacer. El problema es el dolor, que a día de hoy ni me permite andar sin cojear. Si cumplo bien los plazos debería poder cruzar sin problema la meta para la que llevo meses entrenando. Pero de momento lo único que puedo cruzar son los dedos.

Alberto Ortega

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