Morir por el deporte

Posted on 11 marzo, 2011

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El pasado martes 8 de marzo la triatleta y maratoniana estadounidense Sally Meyerhoff fallecía atropellada por una ranchera mientras entrenaba sobre su bici en Maricopa (Arizona). A sus 27 años, acababa de imponerse hace menos de dos meses en el Rock ‘n Roll Marathon (con 2 horas y 37 minutos) y preparaba el asalto a los trials norteamericanos para los JJ.OO. de Londres 2012 y al Campeonato Mundial de Iron Man que se celebrará el próximo octubre.

Su trágica muerte llegaba en el mejor momento de su carrera. “No puedo expresar lo FELIZ que me siento de estar donde estoy y ser quien soy en mi vida a día de hoy. No lo cambiaría por nada del mundo”, escribía en su blog personal el 6 de marzo, en una entrada en la que agradecía su apoyo a un nuevo patrocinador. “AMO total y completamente la vida que estoy viviendo y lo mejor es que sé que va a ser 20 veces mejor al acabar este año” se despedía en el que iba a ser su último post.

Desgraciadamente, la muerte de Sally no es la primera, ni será la última, de un deportista en entrenamiento o competición. Tanto a nivel profesional como amateur el deporte se cobra cientos de victimas al año. Personas que consagran sus vida al deporte hasta el último extremo y que, en determinadas disciplinas, se exponen a la muerte cada día.

Cuando el deporte significa arriesgar la vida

El pasado año 2010 nos dejo tres amargas noticias de deportistas fallecidos en el ejercicio de sus arriesgadas profesiones. El georgiano Nodar Kumaritashvili se dejaba la vida en la pista de luge de los JJ.OO de invierno de Vancouver ’10, el japonés Shoya Tomizawa moría sobre el asfalto del GP de San Marino y el piloto acrobático español Alex McLean despegaba con rumbo al cielo por última desde la pista del aeródromo de Casarrubios del Monte (Toledo) en un entrenamiento rutinario.

De Ayrton Senna a Daijiro Kato, pasando por la veintena de bajas que se ha cobrado el rally Dakar desde 1979, los deportes de motor son una de las disciplinas de mayor riesgo en la actualidad, a pesar de que las medidas de seguridad mejoren cada vez más. Sin embargo, no es el único ambito deportivo al que la muerte acecha de cerca.

Los deportistas de aventura, como los alpinistas, se juegan la vida en cada expedición. Sin ir más lejos, en verano de 2009, el español Óscar Pérez fallecía en una montaña de Pakistan sin que las asistencias pudieran hacer nada para rescatarle. De hecho, el alpinismo, probablemente se trate del deporte que más vidas se cobra a nivel amateur junto con el ciclismo. Los atropellos mortales como el de Sally Meyerhoff, esta misma semana, o el del español Ricardo Otxoa, en 2001, tristemente no son una excepción. Demasiados ciclistas pierden su vida en la carretera cada año, cuando nadie debería morir por el deporte.

Alberto Ortega

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